Las posibilidades del libro se muestran infinitas. Igualmente las oportunidades para arrojarse contra ellas e intentar una fisura, con la cual proponer mecanismos idóneos para su destrucción. No es difícil entender que Luis Bugarini haya llegado a esta taxonomía del “Libroma” por des-ajuste y des-aproximación. Estaríamos en presencia de uno de ellos —incluso si el autor no lo sabe— cuando la (contra)forma del (anti)libro se impone sobre el (aparente)sentido del (no)texto.

—Marena Dioli